El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de Bad Bunny captó la atención de muchos. Mientras que algunos tenían opiniones contradictorias, algo se hizo bien claro; mostró la belleza de una cultura enriquecida por la comunidad de inmigrantes Hispanos.
Inmigrantes se enfrentan a la decisión, y algunas veces se sienten obligados a tomarla, de dejar atrás sus familias, familiaridad y comodidad en busca de mejores oportunidades. Esto no viene fácil. Entran a un mundo diferente al de ellos, mientras confían en la esperanza que algún día vayan a lograr el “sueño americano.”
Soy orgullosamente el hijo de dos inmigrantes trabajadores. Ambos de mis padres emigraron de Barranquilla, Colombia a Nueva Jersey en los años 2000s. Creciendo, he visto cómo se enfrentaron a muchas dificultades, como navegar barreras idiomáticas y tener que adaptarse a una cultura individualista y de ritmo rápido que contrasta con aquella en la que crecieron.
Y aunque admiro todo lo que han logrado, a veces me siento como si vivo entre dos mundos.
En la casa, mi corazón habla en español, aunque mi mente está en inglés. Mis padres fueron firmes para que no se me olvidara mi lenguaje nativo. Así que, aunque cambiar de un idioma al otro se me hace natural, a veces me cuesta expresarme.
Creciendo en los Estados Unidos, a veces me siento muy “americano” cuando hablo o estoy con mi familia Colombiana. Puede ser difícil comunicarme, o hasta relacionarme con ellos cuando los lugares y cultura en que ellos crecieron con es diferente a la mía.
Esto se hace más complicado con mis padres que vienen de un país arraigado con valores conservador. Esto puede complicar la comprensión de alguien como yo, que está influenciado por un enfoque de pensamiento muy liberal y de mente abierta.
Además de mi familia, simplemente creciendo como el hijo de inmigrantes me destaco de algunos de mis amigos y compañeros. Desde niño, acompañaba a mis padres a sus citas médicas y hasta sus reuniones bancarias para servir como traductor. Además de eso, también tendría que inscribirme en actividades escolares y estar más atento a las cosas que los que recibían más ayuda de sus padres. Como resultado, me volví hiper-independiente a una edad temprana, una experiencia común por niños de segunda-generación.
Por lo tanto, tengo una necesidad de esforzarme académicamente para honrar a mis padres y todo lo que han hecho por mí. Aunque también lo hago por mi propia ambición, parte de mí siente el peso inmenso de culpa si no triunfo. Creciendo, una nota abajo de un 90 era un fracaso en mis ojos. Como dije, muchos padres inmigrantes ven el potencial de sobresalir y trabajar duro en un país como los Estados Unidos. Establecen altas, algunas veces poco realista, expectativas para sus hijos, que tenien las oportunidades académicas que ellos no necesariamente tuvieron.
A fin de cuentas, a vivir en dos mundos no siempre va a ser fácil. Sin embargo, me ha enseñado a traducir, observar, y adaptarme a muchas perspectivas diferentes. No soy muy “americano” o muy “colombiano;” soy los dos. En un tiempo donde la escena política para inmigrantes es intensa, jamas me he sentido más orgulloso de mi comunidad y los que siguen trabajando duro, los que siguen con esperanza, y los que siguen manteniendo su cultura cerca a sus corazones durante todo. En su propia manera, yo creo que eso es el verdadero “sueño americano.”

Priscilla Renneberg Bustillo • Mar 19, 2026 at 8:22 pm
Woww que hermosas y sentidas palabras